En palabras del propio San Martín:

“Al reasumir en mí el mando supremo bajo el título de Protector del Perú, mi pensamiento ha sido dejar puestas las bases sobre que deben edificar los que sean llamados al sublime destino de hacer felices a los pueblos. Me he encargado de toda la autoridad, para responder de ella a toda la nación entera; he declarado con franqueza mis designios, para que se juzgue de ellos según los resultados, y de los campos de batalla donde he buscado la gloria de destruir la opresión, unido a mis compañeros de armas, he venido a ponerme al frente de una administración difícil y de vasta responsabilidad. En el fondo de mi conciencia están escritos los motivos de la resolución que adopté el 4 de agosto, y el estatuto que voy a jurar en este día los explica y sanciona a un mismo tiempo. Yo habría podido encarecer la liberalidad de mis principios en el Estatuto Provisorio, haciendo magníficas declaraciones sobre los derechos del pueblo, y aumentando la lista de los funcionarios públicos para dar un aparato de mayor popularidad a las formas actuales. Pero convencido de que la sobreabundancia de máximas laudables, no es al principio el mejor medio para establecer, me he limitado a las ideas prácticas que pueden y deben realizarse. Mientras existan enemigos en el país, y hasta que el pueblo forme las primeras nociones del gobierno de sí mismo, yo administraré el poder directivo del Estado, cuyas atribuciones sin ser las mismas, son análogas a las del Poder Legislativo y Ejecutivo. Pero me abstendré de mezclarme jamás en el solemne ejercicio de las funciones judiciarias, porque su independencia es la única y verdadera salvaguardia de la libertad del pueblo; y nada importa que se ostenten máximas filantrópicas, cuando el que hace la ley o el que la ejecuta, es también el que la aplica. Antes de exigir de los pueblos el juramento de obediencia, yo voy a hacer a la faz de todos el de observar y cumplir el Estatuto que doy por garante de mis intenciones..." (José de San Martín, Lima, Perú. 08/10/1821)

domingo, 12 de julio de 2009

San Martín y la Declaración de la Independencia

La Revolución de Mayo había logrado mantenerse pese a las dificultades externas, las divisiones internas y los reveses militares, constituyéndose en el único foco revolucionario americano que se mantenía en pie. Sin embargo hacia 1814 el panorama político - militar era totalmente adverso a la causa americana: las derrotas sufridas por el ejército del norte, la separación definitiva del Paraguay, la pérdida del Alto Perú, y las luchas internas que se extendían desde Montevideo hasta el litoral entre Artigas y el Centralismo Porteño, como así también la pérdida de Chile “la Patria Vieja” que quedaba en manos de los realistas; y la vuelta al trono de Fernando VII “el deseado” con una fuerte impronta absolutista y decidido a recuperar las colonias rebeldes; ponían a la revolución en su punto más delicado, y ese momento significó sin duda el punto de inflexión de la causa americana que sirvió, para fortalecer los ánimos de muchos patriotas y también para desnudar las debilidades de otros.

Luego de su paso por el ejército del norte José de San Martín había solicitado al entonces Director Supremo Gervasio Posadas la, recientemente creada, Gobernación Intendencia de Cuyo, accediendo el Directorio a su pedido el 10 de Agosto de 1814. A partir de ese momento San Martín comenzaría una intensa labor tanto desde lo político como desde lo militar; así desde Cuyo logrará desbaratar los planes de la facción alvearista, bregará por la unidad y la consolidación de un congreso soberano y tratará de disuadir a los caudillos del litoral en sus pretensiones separatistas; en tanto que desde lo militar comenzará a dar forma a su plan continental a través de la formación del ejército de los Andes. Ante el trágico panorama interno y externo, San Martín se constituirá desde Mendoza en el guía de la causa americana, y por momentos se transformará en el único patriota que ante las adversidades mantendrá el timón fijo hacia el puerto de la independencia.


Desde el mismo momento de la Convocatoria del Congreso de Tucumán, San Martín se convertirá en su principal impulsor; enseguida propiciará en Cuyo la elección de diputados, siendo elegidos: Tomás Godoy Cruz y Juan Agustín Maza por Mendoza, Francisco Narciso de Laprida y Fray Justo Santa María de Oro por San Juan y Juan Martín de Pueyrredón por San Luis, de esta manera quedará conformada la delegación de Cuyo, y sus diputados se convertirán en los voceros y ejecutores del plan sanmartiniano ante el Congreso. A tal punto interesaba a San Martín el accionar de los diputados, que desde el campamento del Plumerillo, el 19 de Enero de 1816 le escribía a Tomás Godoy Cruz : “… ¿Cuándo empiezan uds. a reunirse? Por lo más sagrado les suplico hagan cuántos esfuerzos quepan en lo humano para asegurar nuestra suerte; todas las provincias están en expectación esperando las decisiones de ese congreso: él solo puede cortar las desavenencias - que según este correo - existen en las corporaciones de Buenos Aires. No deje usted de repetirme todo aviso que crea útil a esta provincia. No hay cuidado por el enemigo de Chile; si viene espero tendremos un completo día, y ya sabe usted que no soy muy confiado. A los amigos, el padre Oro, Laprida y Maza un celemín de recuerdos, así como la firme amistad de este su mejor amigo que B.S.M.” José de San Martín.


Cómo esta, muchas otras comunicaciones remitirá el Gran Capitán desde Cuyo “apurando” el accionar de los diputados en el Congreso reunido en Tucumán, tanta será su insistencia que Tomás Godoy Cruz responderá a una de sus misivas:”... que la independencia no es soplar ha hacer botellas”, a lo que San Martín contestará: “… yo respondo a usted que mil veces me parece más fácil hacerla (la independencia) que el que haya un solo americano que haga una sola (botella)…”


Finalmente en la sesión del 9 de Julio el congreso declararía por fin la independencia, hecho ante el cual San Martín expondría su beneplácito, sin dejar de hacer una breve observación en una nueva carta a su amigo Tomás Godoy Cruz: “… Ha dado el congreso el golpe magistral con la declaración de la Independencia; solo hubiera deseado que al mismo tiempo hubiera hecho una pequeña exposición de los justos motivos que tenemos los americanos para tal proceder, esto nos conciliaría y ganaría muchos afectos en Europa …” Por ese entonces San Martín se hallaba en Córdoba a la espera de su reunión con el flamante Director Supremo elegido por el Congreso: Pueyrredón, desde allí escribiría: “… Al fin estaba reservado a un diputado de Cuyo ser el presidente del Congreso que declaró la independencia; yo doy a la provincia mil parabienes de tal incidencia …” Sin duda esta frase encierra el significado y la importancia que tuvo el accionar sanmartiniano en la declaración de la independencia, de la que de allí en más se convertirá en su garante y fiel defensor hasta el fin de sus días.

La Amistad en Tiempos de Revolución: Belgrano y San Martín

Es muy difícil determinar cuando comenzó, o cual fue el primer contacto que tuvieron los dos más grandes hombres que ha dado nuestro país. Sin embargo si podemos asegurar que desde la llegada al Río de la Plata del, entonces, teniente coronel José Francisco de San Martín, Manuel Belgrano se interesó por conocerlo.
Así el 25 de septiembre de 1813 Belgrano le escribía: “¡Ay! Mi amigo … Y ¿qué concepto se ha formado usted de mí? Por casualidad o, mejor diré, porque Dios ha querido, me hallo de general, sin saber en qué esfera estoy. No ha sido esta mi carrera y ahora tengo que estudiar para medio desempeñarme, y cada día veo más y más las dificultades de cumplir con esta terrible obligación”. Es muy posible que la comunicación comenzara mucho antes de esta fecha, sabido es que San Martín venía aconsejando al General Belgrano sobre las distintas técnicas de guerra y la eficacia de unas armas sobre otras, en especial sobre la conveniencia de la formación de un cuerpo de lanceros en el Ejército de su mando. En medio de estas instrucciones se producirán las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma, que motivarán esta nueva comunicación del hombre de mayo hacia el jefe de los granaderos a caballo: “ No siempre puede uno lo que quiere, ni con las mejores medidas se alcanza lo que se desea: he sido completamente batido en las pampas de Ayohuma cuando más creía conseguir la victoria; pero hay constancia y fortaleza para sobrellevar los contrastes y nada me arredrará para servir; aunque sea en la clase de soldado, para la libertad e independencia de la patria … lo pedí a usted desde Tucumán, no quisieron enviármelo; algún día sentirán esta negativa …”
Finalmente las ansias de Manuel se cumplirían y así celebraba en sendas cartas del 17 y 25 de diciembre de 1813, respectivamente la cercanía de su, ya para entonces, “entrañable amigo”, escribiendo: “No sé decir a usted lo bastante cuánto me alegro de la disposición del gobierno para que venga de jefe … Vuele usted, si es posible; la patria necesita de que se hagan esfuerzos singulares y no dudo que usted los ejecute según mis deseos, para que yo pueda respirar con alguna confianza y salir de los graves cuidados que me agitan … Crea usted que no tendré satisfacción mayor que el día que logre tener la satisfacción de estrecharlo entre mis brazos y hacerle ver lo que aprecio el mérito y honradez de los buenos patriotas como usted …” Y más adelante en la nueva comunicación Belgrano sentenciaba: “… Porque estoy firmemente persuadido de que con usted se salvará la patria y podrá el ejército tomar diferente aspecto: soy solo; esto es hablar con claridad y confianza: no tengo ni he tenido quien me ayude y he andado los países en que he hecho la guerra como un descubridor, pero no acompañado de hombres que tengan iguales sentimientos a los míos, de sacrificarse antes que sucumbir a la tiranía … porque la América aún no estaba en disposición de recibir los grandes bienes de la libertad e independencia; en fin mi amigo, espero en usted un compañero que me ilumine, que me ayude y quien conozca en mí la sencillez de mi trato y la pureza de mis intenciones, que Dios sabe no se dirigen ni se han dirigido más que al bien general de la patria y sacar a nuestros paisanos de la esclavitud en que vivían … En fin mi amigo, hablaría más con usted si el tiempo me lo permitiera; empéñese usted en volar, si le es posible, con el auxilio, y en venir a ser no sólo mi amigo, sino maestro mío, mi compañero y mi jefe si quiere; persuádase que le hablo con mi corazón, como lo comprobaré con la experiencia constante que haga de la voluntad con que se dice suyo … Manuel Belgrano”.
De esta manera finalmente llegaría San Martín al norte y luego del inmortal y famoso abrazo que se dieron ambos amigos en la Posta de los Algarrobos – no en la de Yatasto como tradicionalmente se ha afirmado - se alojaron en la estancia de las Juntas, propiedad de Manuel José Torrens y a partir de allí compartirán un corto, pero sin duda muy interesante tiempo al frente del casi desaparecido Ejército del Norte. Durante estos meses ambos líderes lograran intercambiar experiencias y conocimientos; transmitiendo, el uno, todo lo aprendido en una guerra sin recursos y una revolución altisonante, pero ininterrumpida desde el grito de Mayo; el otro todo su saber y profesionalismo obtenido luego de servir más de 20 años en los ejércitos europeos; pero lo más significativo es que en estos pocos días que Belgrano y San Martín compartirán en el frente norte de la guerra por la independencia, forjarán una amistad y admiración mutua que perdurará por siempre. Lamentablemente la política porteña y las decisiones de los “hermanos” masones obligarán al General Belgrano a rendir cuentas de sus derrotas en Buenos Aires, pese al insistente pedido de San Martín al gobierno, para que permitieran al vencido general Belgrano quedarse en aquel destino. A partir de allí los caminos de uno y otro se bifurcan, pero nunca dejarán de mantener estrecha comunicación, y de manera constante se presentarán ocupados y preocupados, cada uno en su destino revolucionario, pero siempre conectados por el bien de la patria grande. Belgrano se convertirá a partir de aquel encuentro en un sincero consejero y no dudará en marcar a San Martín su opinión en aquellas decisiones que consideraba podían tener un resultado distinto al esperado, así por ejemplo ante la iniciativa de San Martín de permitir los duelos entre los oficiales, Belgrano le señaló lo inconveniente de esta medida en especial teniendo en cuenta la injerencia de los preceptos religiosos en los pueblos de su mando … De ese modo, esta y muchas otras sugerencias serán escuchas por José y ambos sostendrán de manera pública y privada la admiración que uno y otro se profesaban, la que se resume en el concepto que ambos se tenían: para Belgrano, San Martín valía por todo un ejército y muerto aún, podía, como el Cid conducir las huestes a la victoria. En tanto que San Martín, opinaba sobre Belgrano, que aún careciendo de la ciencia de un Moreau o de un Bonaparte “era lo mejor que se tenía en América”.

(En el mes aniversario del natalicio - 03 de Junio de 1770 - y del fallecimiento - 20 de Junio de 1820 - del gran hombre de mayo, vaya pues este homenaje)

miércoles, 6 de mayo de 2009

San Martín: Hombre y Gobierno


Introducción:

Uno de los aspectos menos difundido del accionar sanmartiniano es precisamente uno de los momentos más decisivos de su vida y también quizás uno de los más terribles en su dimensión de hombre público. Es por ello que a través de este breve artículo – síntesis de un trabajo de mayor extensión – queremos dar a conocer aquellos momentos relevantes de la vida del prócer en aquellas horas finales de su carrera política y militar.-

Para lograr nuestro cometido, es necesario en primer término, hacer una síntesis de las situaciones y los escenarios del momento en que el Gran Capitán asume el Superior Gobierno de los Pueblos Libres del Perú, como así también conocer el estado de la Expedición Libertadora que emprenderá con tal fin, en dicho tiempo.-

Escenario de la Expedición Libertadora

El Ejército de Los Andes, organizado en la valerosa provincia de Mendoza, ha hecho la campaña de los Andes en menos de 30 días, ha batido los realistas y ha restituido la “Patria Vieja” de Chile, aquella que se perdiera en 1814 por desinteligencias entre los partidos y que, como Buenos Aires había dado su grito de libertad en 1810. La fuerza y el ingenio Sanmartiniano restablecieron en Chile el gobierno patrio, esta vez en manos del ala más moderada de los partidos chilenos al mando de O’Higgins. Este era el cuadro de situación de la liberación de Chile. Muy distinto, por cierto, al escenario, realidad e ideas imperantes en el rancio, rico y tradicional Virreinato del Perú. Las ricas tierras de los incas habían representados por siglos el apogeo y epicentro de la dominación española, siendo incluso el punto donde se difundían las doctrinas del real gobierno español y las reales células que emitía la corona español hacia el resto de las posesiones en América. La sociedad peruana, fiel reflejo de las cortes madrileñas; era mucho más rígida y anclada en castas que cualquier otra en América, donde los intentos revolucionarios no progresaron; Lima, incluso, se convirtió en el centro de la represión de los demás focos independentistas. Tal es el escenario sobre el que San Martín se prepara a operar, siendo importante destacar además que en el plano militar, la expedición libertadora intentó hacer frente con 4.000 hombres, a los 20.000 que poseía Pezuela ( Virrey del Perú). Este teatro de operaciones, muy lejos de la base de aprovisionamiento del ejército de Los Andes, ahora ejército unido, será el más grande desafío profesional y humano que San Martín deberá enfrentar pero al mismo tiempo su más grande realización y enseñanza para sus contemporáneos y la posteridad.

San Martín: Protector del Perú:

Además de asumir el liderazgo de la operación militar, ante la falta de una personalidad aglutinante e integradora entre los patriotas peruanos, San Martín decide asumir el gobierno de los pueblos libres del Perú. Y no va a hacerlo ni como dictador, ni como rey, ni emperador, ni presidente, ni cónsul vitalicio, sino que, una vez más, como muestra de su visión y su carácter ajeno a toda ambición personal, lo hace con el Ejemplar y Paradigmático título de “Protector de los Pueblos Libres del Perú”; y al hacerlo dejará plasmadas estas palabras: “Es demasiado notorio que no aspiro más que a la tranquilidad y el respiro de una vida tan agitada; pero tengo sobre mí una responsabilidad moral que exige un sacrificio de mis más ardientes votos. La experiencia de diez años de revolución en Venezuela, Cundinamarca, Chile, y las Provincias del río de La Plata me han hecho conocer los males que ha ocasionado la convocación intempestiva de congresos cuando aún subsistían enemigos en aquellos países, primero es asegurar la Independencia, después se pensará establecer la libertad solidamente. La religiosidad con que he cumplido mi palabra en el curso de mi vida pública me da derecho a ser creído y yo lo comprometo ofreciendo solemnemente a los pueblos del Perú que en el momento mismo que sea libre su territorio haré dimisión del mando para hacer lugar al gobierno que ellos mismos tengan a bien elegir.”

Así el Gran Americano, comenzaba a transitar el camino final de su vida pública y en él encontraremos uno de sus legados más importantes, como ejemplo de Hombre Probo y Gobernante Ilustre, a través de su accionar al frente de nuestra hermana República del Perú.



SANCIÓN DEL ESTATUTO PROVISIONAL DEL PERÚ.

Desde su lugar como libertador lanzará al pueblo Peruano y al mundo sus palabras aleccionadoras, que plasman cada vez con mayor fuerza su estampa de Líder, Gobernante y Estadista incomparable...

“Al reasumir en mí el mando supremo bajo el título de Protector del Perú, mi pensamiento ha sido dejar puestas las bases sobre que deben edificar los que sean llamados al sublime destino de hacer felices a los pueblos. Me he encargado de toda la autoridad, para responder de ella a toda la nación entera; he declarado con franqueza mis designios, para que se juzgue de ellos según los resultados, y de los campos de batalla donde he buscado la gloria de destruir la opresión, unido a mis compañeros de armas, he venido a ponerme al frente de una administración difícil y de vasta responsabilidad. En el fondo de mi conciencia están escritos los motivos de la resolución que adopté el 4 de agosto, y el estatuto que voy a jurar en este día los explica y sanciona a un mismo tiempo. Yo habría podido encarecer la liberalidad de mis principios en el Estatuto Provisorio, haciendo magníficas declaraciones sobre los derechos del pueblo, y aumentando la lista de los funcionarios públicos para dar un aparato de mayor popularidad a las forma actuales. Pero convencido de que la sobreabundancia de máximas laudables, no es al principio el mejor medio para establecer, me he limitado a las ideas prácticas que pueden y deben realizarse. Mientras existan enemigos en el país, y hasta que el pueblo forme las primeras nociones del gobierno de sí mismo, yo administraré el poder directivo del Estado, cuyas atribuciones sin ser las mismas, son análogas a las del Poder Legislativo y Ejecutivo. Pero me abstendré de mezclarme jamás en el solemne ejercicio de las funciones judiciarias, porque su independencia es la única y verdadera salvaguardia de la libertad del pueblo; y nada importa que se ostenten máximas continuación de filantrópicas, cuando el que hace la ley o el que ejecuta, es también el que la aplica. Antes de exigir de los pueblos el juramento de obediencia, yo voy a hacer a la faz de todos el de observar y cumplir el Estatuto que doy por garante de mis intenciones. Los que con la experiencia de lo pasado mediten sobre la situación presente, y estén más en el hábito de analizar el influyo de las medidas administrativas, encontrarán en la sencillez de los principios que he adoptado, la prueba de que yo no ofrezco más de lo que juzgo conveniente cumplir, que mi objeto es hacer el bien y no frustrarlo, y que conociendo, en fin. La extensión de mi responsabilidad, he procurado nivelar mis deberes por la ley de las circunstancias, para no exponerme a faltar a ellos. Con tales sentimientos, y fiado en la eficaz cooperación de todos mis conciudadanos, me atrevo a esperar que podré en tiempo devolver el depósito, de que me he encargado, con la conciencia de haberlo mantenido fielmente. Si después de libertar al Perú de sus opresores puedo dejarlo en posesión de su destino, yo iré a buscar en la vida privada mi última felicidad, y consagraré el resto de mis días a contemplar la beneficencia del grande Hacedor del universo y renovar mis votos por la continuación de su propicio influjo sobre la suerte de las generaciones venideras”.-

ACCIÓN DEL GOBIERNO PROTECTORAL DE SAN MARTÍN EN EL PERÚ.

... Pero si sus palabras nos parecen increíbles para un hombre de su talla y en tales circunstancias, sin duda un cabal ejemplo de su genio y su psicología de conductor; es quizás una de sus obras más sublimes, su breve pero abultada acción de Gobierno como primer mandatario de la tierra de los Incas, en la que se destacan entre muchas decisiones, las siguientes:

Proclama a los peruanos en que les anuncia que por el imperio de las circunstancias San Martín se halla investido de la suprema autoridad civil y militar y que era responsable de ella ante la patria. Creación de la Bandera y Escudo Nacional. Establecimiento del reglamento provisorio en el que limita su autoridad como Protector. Se castiga y prohíbe insulto y atropello de españoles. Supresión de la contribución de guerra impuesta por los realistas. Jura de la Independencia del Perú. Se garantiza la libertad de trabajo de los españoles que juren la independencia y se permite, para los que no lo hagan, salir del Perú con todos sus bienes. Declaración de inviolabilidad de domicilio; derecho a resistirse a la intromisión sin orden de allanamiento. Abolición de la Constitución Española. Libertad a los hijos de esclavos. Creación del Primer Cuerpo del Ejército Peruano “Legión Peruana”. Abolición del tributo de vasallaje, todos los indios serán considerados ciudadanos peruanos. Creación de la biblioteca de Lima. Supresión de mitas, yanaconazgos y encomiendas. Sanción del Estatuto Provisional del Perú y asunción de los poderes legislativos y ejecutivos, no así los judiciales. Se la Libertad de Imprenta; todos los hombres tienen derecho de pensar , hablar y escribir. Abolición de la pena de azotes en los colegios y castigos corporales. Se Establece el Reglamento Provisional de Comercio. Se organiza los cuadros de la marina. Crea el Banco de Emisión y la Dirección de Minería. Se aprueba el reglamento de elecciones municipales. Declara la Protección y Libertad para los Artistas teatrales en sus actividades. San Martín Solicita a Bolívar suprima la intimación a Guayaquil para anexarse a la Gran Colombia. Establecimiento de la primer escuela Normal de enseñanza mutua. Entrevista de Guayaquil. Convocatoria del Congreso Peruano. Inauguración del Primer Congreso Peruano.

El 21 de Setiembre de 1822 el Gran Capitán de Los Andes se despedida del Pueblo Peruano con estas inmortales palabras: “Presencie la Declaración de la Independencia de los Estados de Chile y del Perú. Existe en mi poder el estandarte que trajo Pizarro para esclavizar el Imperio de los Incas, y he dejado de ser hombre público. He aquí recompensado con usura 10 años de Revolución y Libertad. Mis promesas para con los pueblos en los que he hecho la guerra están cumplidas: hacer su independencia y dejar a su voluntad la elección de sus gobiernos”. Sublime enseñanza de humildad, coherencia, continuidad y credibilidad entre el pensamiento, la palabra y la acción; como ejemplo de hombre probo y gobernante digno.-

viernes, 3 de octubre de 2008

Juan Mauricio Rugendas

Juan Mauricio Rugendas: el Pintor de América Latina

Fue y es considerado el pintor de toda una época de Latinoamérica, precisamente de los años en que las ex-colonias españolas se independizaron de la metrópoli y se constituyeron en estados soberanos, en tanto que Brasil se transformó en una Monarquía de tipo Imperial. Rugendas pasó por México, Centro América, Brasil, Chile, Argentina y Perú, y su obra no sólo reviste vital importancia desde el punto de vista artístico, sino especialmente historiográfico, ya que durante sus viajes por América, que se extendieron desde 1821 hasta 1847 aproximadamente con algunos intervalos y retornos a Europa; pintó y retrató, lugares, hechos y personajes destacados de América del Sur, desde paisajes, célebres batallas, dirigentes de la época: presidentes, gobernadores, nobles, etc., hasta diversas expresiones de la naturaleza y de la vida religiosa, económica, política y social de estas tierras.-

A modo de breve biografía podemos decir que nació en Augsburgo, Alemania, el 29 de marzo de 1802, su padre Johann Lorenz -quien fuera su primer profesor- fue Director de la Academia de Bellas Artes de MŸnchen. En 1821 se incorpora a la expedición científica del Barón Von Langsdorff quién lo requirió como dibujante para ilustrar la naturaleza de las nuevas tierras.
Retorna al nuevo continente para realizar un largo viaje, entre los años 1831 y 1847, que lo llevaría por México, Chile, Perú, Bolivia, Argentina, Uruguay y Brasil, para volver definitivamente a su patria.

En su regreso al continente tuvo una breve estadía en París donde conoció y compartió con Delacroix, Vernet, David y Sheffer. En 1830 realiza su segundo viaje a América, pasando por Haití y México, desde donde es desterrado a Chile por ocultar a dos fugitivos conspiradores contra el general Anastasio Bustamante.
Hacia 1834 llega a Valparaíso el 1 de Julio. En su estadía en Chile durante 11 años tiene una fructífera labor artística, científica y social, incorporándose a la sociedad de la época, incluso vivió en la Araucanía donde capto las escenas familiares y costumbres de los mapuches, también se estableció por un tiempo en Lima recorriendo gran parte de lo que es hoy Perú, Bolivia y Uruguay.

En 1847 vuelve a Europa retornando a Baviera donde fue pintor de la corte de los Reyes Luis I y Maximiliano II. Posteriormente en 1854 recibió la condecoración de la orden del Aguila Roja, gracias a su amigo Von Humbolt.
Murió en Weilheim, Alemania, el 19 de mayo de 1858 repentinamente de un ataque al corazón, a un mes de haber contraído matrimonio.
Algo más sobre su Vida:

Juan Mauricio Rugendas vivió veinte años en México y Sudamérica. Es considerado el pintor que ha reflejado Latinoamérica de forma más concluyente y polifacética; sus cuadros nos muestran paisajes, seres humanos, escenas de género, plantas y animales. El estadista y escritor argentino Sarmiento veía a su amigo Rugendas como el más escrupuloso cronista. En su opinión, Rugendas y Humboldt eran los dos europeos que mejor habían comprendido el espíritu de Latinoamérica.
La relación con Humboldt habría de marcar la vida y obra del pintor. Rugendas plasmó de forma gráfica las ideas de Humboldt sobre la representación artístico-fisonómica de la naturaleza tropical, logrando con su obra una posición privilegiada en el arte de su época que aún hoy sigue mereciendo. Durante la vida del pintor, el público apenas mostró interés por sus exóticos motivos. La ejecución técnica de los pequeños bocetos al óleo, de brillante colorido, fue en su tiempo muy criticada en Alemania. Sus pinturas del Nuevo Mundo, con pocas excepciones, se adquirieron para las colecciones reales de Prusia y Baviera –en el primer caso gracias a la mediación de Humboldt– y no tardaron en quedar relegadas al olvido en sus respectivos fondos pictóricos de Berlín y Munich.

Con la obra de Rugendas se extingue una notable familia de artistas cuya tradición se remonta hasta el año 1608. Por aquel entonces, los antepasados del pintor hubieron de emigrar de Cataluña debido a sus creencias religiosas. Se establecieron en la ciudad libre de Augsburgo, donde se forjaron una reputación como artesanos de relojería, pintores, calcógrafos y editores de libros de arte. Especialmente digno de mención en este sentido es Jorge Felipe I Rugendas, quien realizó unos logrados cuadros de caballos y batallas. Juan Lorenzo I se dedicó, por su parte, a motivos históricos, reproduciendo escenas de la Guerra de los Siete Años inspiradas en la obra de Chodowiecki. Juan Lorenzo II volvió a su vez a tomar las riendas de la editorial. Desde 1804 ejerció la docencia en la Escuela de arte y dibujo de Augsburgo, de la que no tardó en ser nombrado director.

Su hijo Juan Mauricio, el mayor de sus tres vástagos, nació en Augsburgo el 29 de marzo de 1802. Siendo todavía un niño, a la edad de cuatro años, ya daba muestras de un apreciable talento. Más tarde se familiarizó con los motivos con los que trabajaba su padre en la editorial; entre ellos se encontraban ilustraciones de las guerras napoleónicas, que habían sacudido Europa desde 1796 hasta 1815. El joven Rugendas contempló los cuadros, según testimonios de entonces, cuando Albrecht Adam, amigo de su familia, llegó a Augsburgo. Adam era pintor de la corte del virrey Eugène Beauharnais y había participado en la funesta campaña del ejército napoleónico en Rusia. Aquel hombre, de carácter abierto y cosmopolita, causó una viva impresión en Juan Mauricio. Se acordó que el joven pasara una temporada con la familia Adam en Munich para que tomara lecciones del maestro. Allí encontró todo el apoyo que sus padres habían esperado para él. Juan Mauricio se desenvolvió con tanta soltura en el ámbito artístico que en 1817 aprobó el examen de ingreso en la Academia muniquesa.

Asistió a las clases de pintura paisajística y de género impartidas por Lorenzo Quaglio II, especialidades que, de acuerdo con los criterios artísticos de la época, se consideraban de importancia secundaria en comparación con los retratos y la pintura histórica. A Rugendas no le satisfacía el programa de estudios, por lo que se esforzaba en buscar por su cuenta otros estímulos fuera de la Academia. En las cercanías de Munich, Ulm y Augsburgo esbozaba apuntes de paisajes que adornaba con figuras humanas y motivos arquitectónicos. También se interesó por el grabado y la litografía, técnicas en las que le introdujo su propio padre. Ya en 1816-1817 había prestado su colaboración a una serie de láminas a la acuatinta y había reproducido la "Huida de Napoleón en Waterloo". Además pintó también motivos de animales, sobre todo estudios ecuestres de Jorge Felipe I Rugendas, así como una litografía a partir de un retrato que había hecho de su padre. En suma, realizó diversos retratos y escenas figurativas, llevando a cabo todo tipo de ensayos con distintos motivos, pero su evolución artística permanecía aún por decantarse. Su padre hubiera deseado enviarlo a Italia para que recibiera allí una orientación y estímulos nuevos, pero los recursos económicos de la familia no se lo permitieron.

Rugendas posee especial importancia en muchos países latinoamericanos; en el caso de Chile, destaca la fructífera producción que sirve como verdadera crónica histórica, como ocurre en el caso del cuadro "Llegada del Presidente Prieto a la Pampilla para la fiesta nacional de 1834", y que donó para la reconstrucción del país después del terremoto de 1835; otras obras, como las ilustraciones que hizo junto a Claudio Gay sobre costumbres y paisajes del Chile, o el retrato de su amante, la chilena Carmen Arriagada, son un hermoso documento pictórico que dan cuenta de la realidad nacional durante el siglo XIX.-

El viaje a Brasil 1822-1825

El viaje a Brasil supuso la ruptura decisiva. Si bien no significó una gran experiencia artística como la que le hubiera aportado el contacto con la Antigüedad y el Renacimiento italiano, su visión del paisaje cambió de forma radical, ya que Rugendas conoció por primera vez el mundo de los trópicos. La oportunidad surgió cuando el encargado de negocios ruso en Brasil, el barón Langsdorff, comenzó a buscar, durante una estancia en Europa, un ilustrador para una expedición científica que, patrocinada por el zar, iba a adentrarse en la selva sudamericana.
Langsdorff poseía una hacienda al norte de Río de Janeiro, en la Serra da Estrela, donde se dedicaba a sus estudios de ciencias naturales. El lugar servía de refugio para viajeros y base de expediciones. Saint-Hilaire, el príncipe de Wied, Spix y Martius se habían detenido allí ya una vez. Estos últimos habían llegado al país con el séquito de la archiduquesa Leopoldina, esposa del sucesor al trono, Pedro, el posterior emperador, y en diciembre de 1820 regresaron a Alemania con una amplia colección de muestras etnológicas, zoológicas y botánicas para la Academia Bávara de Ciencias. El barón Karwinski, conocido de la familia Rugendas y un experto en temas brasileños, amén de botánico y naturalista, habló de Juan Mauricio a Langsdorff, quien lo consideró la persona adecuada para el puesto de dibujante de la expedición en atención a su forma de trabajar poco convencional, su formación y su carácter abierto.

Langsdorff y Rugendas concluyeron un contrato el 18 de septiembre de 1821. Al pintor se le garantizaba el viaje de ida y el de regreso, así como la estancia libre de gastos y unos honorarios anuales de 1.000 francos franceses, comprometiéndose a cambio a dibujar todos los motivos que se le encomendaran. Asimismo, se estipuló que los bocetos serían propiedad de Langsdorff, mientras que Rugendas podía realizar copias de los mismos, aunque debía contar con la aprobación de aquél para publicarlas.

Rugendas participó en la redacción de los distintos aspectos del contrato. Informó, además, a Maximiliano José I de Baviera sobre el proyecto, ya que el rey había mostrado un interés personal por Brasil al apoyar las empresas de Martius y Spix y afirmó que Juan Mauricio podría ampliar los contactos que existían con aquel país. Por otra parte, Martius estaba al tanto de los preparativos del viaje y contaba con que Rugendas le enviaría desde Sudamérica dibujos para ilustrar sus obras de botánica.

A principios de enero de 1822, Juan Mauricio se embarcó en Bremen con destino a Brasil, y el 5 de marzo desembarcaba en Río de Janeiro. La ciudad, con sus pintorescas montañas, su exuberante vegetación, sus jardines tropicales multicolores y su exótica población, habría de fascinarle. Rugendas se quedó en la capital, alojándose en casa del encargado de negocios austriaco. El pintor visitaba con frecuencia a Langsdorff, en su casa situada en la ladera de una colina al sudoeste de la ciudad. Rugendas recibió de él sugerencias e instrucciones que le permitieron familiarizarse con el país y sus habitantes. El contacto con otros colegas era crucial para el trabajo artístico, así que Rugendas trabó conocimiento con pintores franceses, cuya influencia era importante, pues el rey João VI los había llamado al país en 1816 para fundar una academia de arte en Río de Janeiro. Rugendas hizo amistad con Jean-Baptiste Debret y con los hijos del pintor Nicolas-A. Taunay, a los que visitaba en su residencia junto a la cascada de Tijuca. Posteriormente, Juan Mauricio se trasladó a la finca de Langsdorff.

La hacienda Mandióca se extendía en una zona de gran riqueza vegetal ubicada a espaldas de Porto da Estrela. Sin embargo, el pintor no pudo disfrutar libremente de las bellezas naturales, pues hubo de enfrentarse allí a numerosos problemas. Langsdorff daba trabajo a 200 esclavos, por cuyas actividades se interesó vivamente Rugendas, que los contemplaba durante su trabajo y en sus horas de descanso. El artista se compadecía de sus condiciones de vida y debido a sus opiniones tuvo graves diferencias con su anfitrión. La expedición dio comienzo el 8 de mayo de 1824. Cuando atravesaba el estado de Minas Gerais, tras haber pasado por Barbacena, São João del Rei, Ouro Prêto y Sabará, Rugendas y Langsdorff se enemistaron, si bien se desconoce el motivo exacto de la disputa. Según lo dispuesto, el pintor estaba obligado a realizar buena parte de su trabajo antes de separarse del grupo, cosa que finalmente hizo. Su decisión puede considerarse acertada, ya que la empresa de Langsdorff no se vio coronada por el éxito. Adrien-Aimé Taunay, sustituto de Rugendas como dibujante, murió ahogado en las aguas de un río de la selva. Se sucedieron los fallecimientos y las enfermedades, y el mismo Langsdorff tuvo que regresar a Europa en un estado próximo a la enajenación mental.

Rugendas contrató oyudantes y guías emprendió con ellos una pequeña expedición que pudo financiar gracias a los retratos ya encargados que iba realizando por el camino. El pintor y sus acompañantes atravesaron Minas Gerais, Espirito Santo, Mato Grosso y Bahia, luchando contra el cansancio y el clima insalubre. Para recuperar fuerzas, y debido también a que la estación de las lluvias dificultaba el avance, los expedicionarios tuvieron que pasar varios meses entre los indios de las selvas junto a las riberas del río Doce. Algunos motivos de la vida de los habitantes de aquellos lugares, entre ellos la célebre Danza de los purís, aparecen entre las interesantes ilustraciones que Rugendas dio a conocer más adelante.

En abril de 1825 el pintor estaba ya en Río de Janeiro, y en mayo regresó a Europa. Los frutos artísticos de sus tres años de estancia en Brasil fueron copiosos: en Río de Janeiro había reproducido el palacio de São Cristóvão, la cascada de Tijuca, la iglesia de Glória y otros lugares. Había contemplado a las gentes en las plazas y en las calles, tanto inmersas en su vida cotidiana como participando en los grandes acontecimientos. En diciembre de 1822 había asistido al desfile del cortejo de la coronación de Dom Pedro I por las calles de la capital brasileña. Fue también testigo de la fiesta que la iglesia celebraba en honor de Nuestra Señora del Rosário. En la finca Mandióca había plasmado escenas del quehacer habitual de los esclavos, realizando además dibujos de animales con el más absoluto esmero. La representación de la vegetación tropical se había convertido asimismo para él en otro motivo de especial importancia.

Su paso por Mendoza.

Hacia 1838 en su paso desde Chile a Buenos Aires Juan Mauricio Rugendas pasó por Mendoza, era época del Gobierno Federal de Juan Manuel de Rosas en Buenos Aires, en tanto que Mendoza era Gobernada por Pedro Molina. En la hermana República de Chile, Rugendas trabó amistad con varios protagonistas de la independencia Americana, en especial con soldados del Ejército de Los Andes y del Ejército Unido que realizó la Campaña al Perú, allí sin duda tuvo un significativo acercamiento a la figura del Libertador José de San Martín, que aunque no conoció personalmente, al menos no tenemos registro de que así fuera, sin duda se sintió atraído por sus hazañas y su vida pública, esto lo llevaría a su paso por la provincia de Mendoza a visitar y dejar ilustrada por su experta mano de artista la Casa Original del Gran Capitán, la que entonces constaba con cinco bóvedas y se ubicaba “... la Villa Nueva a 2 leguas del Río Mendoza”.-

El principio de la colaboración artístico-científica con Humboldt

Tras su regreso de Brasil, Rugendas permaneció en París para gestionar la publicación de sus estudios pictóricos sudamericanos. Aunque todos sus intentos resultaron infructuosos, la estancia en la capital francesa tuvo para él una importancia definitiva, pues allí trabó conocimiento con Alexander von Humboldt, el descubridor científico de Latinoamérica. Rugendas pudo mostrarle los bocetos realizados durante su viaje, recibiendo del naturalista los elogios más calurosos. Humboldt quedó especialmente admirado ante las representaciones de la vegetación, solicitando al artista que dibujara para él palmeras, bananos y helechos, con la finalidad de ilustrar el capítulo correspondiente a la "Fisonomía de las plantas« de la proyectada reedición de su" Ensayo de una geografía de las plantas«. Los ejemplares solicitados pertenecían, en opinión de Humboldt, a los tipos fisonómicos que, merced a sus marcados rasgos, confieren un carácter concreto a cada región.

Atendiendo a semejantes criterios, Humboldt había clasificado las diversas especies vegetales durante sus viajes por Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, México y Cuba entre 1799 y 1804. Primero había identificado 16 especies típicas, cifra que posteriormente amplió a 19, describiéndolas con toda clase de detalles en su obra "Ensayo de una fisonomía de las plantas", donde además quería plasmar sus concepciones sobre la representación artística de la naturaleza tropical. Pretendía que se reprodujesen paisajes de consumados artistas de una forma tal que resultase adecuada desde el punto de vista estético y fuese, al mismo tiempo, científicamente informativa. De esa manera el pintor podía ayudar al investigador a reconocer las peculiaridades de la naturaleza tropical. Los paisajes debían contemplarse como organismos vivos, como una gran totalidad. Era preciso recoger en los dibujos la acción conjunta de los fenómenos naturales, como las condiciones climáticas y el crecimiento, así como acentuar las representaciones de las plantas y las siluetas de las colinas más características. Humboldt no conocía aún ningún artista que reuniera las condiciones para esta tarea. Fueron excluidos los pintores que desconocían la naturaleza de los trópicos y seguían en su trabajo los principios estilísticos académicos, pues se habían revelado poco idóneos para sus fines. Así lo demostraban obras tan conocidas como las realizadas por famosos viajeros, en especial las láminas pintadas en su viaje a Brasil por el príncipe de Wied. Para plasmar sus ideas, Humboldt sólo tendría en cuenta a aquellos pintores que, prescindiendo de sus propias condiciones artísticas, se hubiesen dedicado a la reproducción realista de motivos exóticos. Los estudios que el científico había recibido de Rugendas alentaban sus esperanzas de que el pintor poseyera un innegable talento en este sentido. Humboldt se decidió, entonces, a iniciar una colaboración. Deseaba que en los dibujos que se le encomendasen, Rugendas acentuase el desarrollo y crecimiento de las plantas. Las figuras debían mostrar claramente al espectador las dimensiones de lo representado. Rugendas realizó diversos bocetos, y Humboldt emitió su propio juicio: estableció dónde debían situarse las figuras, determinó la altura de las especies reproducidas y solicitó que se completasen algunos grupos de plantas. Rugendas introdujo las correcciones sin despreciar sus propios criterios artísticos. Tenía que dibujar también una gran composición de una selva tropical. Para lograr un mejor entendimiento, quería que Humboldt le orientase en la ejecución de sus trabajos, enviándole así algunos bocetos inacabados:

“Si alguna de las láminas no resultase de su agrado, estoy dispuesto a modificarla o a mandarle, en su lugar, el original. Por lo que se refiere a los bocetos de jaramagos, cactus, araucarias, bambúes y mangles...recibirá usted lo que todavía no he terminado para que pueda opinar sobre su ejecución”. El intercambio epistolar entre Humboldt y Rugendas se encuentra en la Biblioteca Estatal del Patrimonio Cultural Prusiano, Berlín. Sección de manuscritos.

Humboldt consideró que las ilustraciones encargados a Rugendas para su »Fisonomia de las plantas« eran extraordinarias, manifestando que los dibujos recibidos superaban en calidad sus previsiones. Al mismo tiempo, anunciaba la aparición del folleto publicitario para su nueva edición del »Ensayo de una geografía de las plantas«, en cuya versión alemana, impresa en la Geographische Zeitung, suplemento de Hertha, podía leerse el siguiente fragmento:

“El Ensayo sobre la geografía de las plantas de los señores Humboldt y Kunth cuenta con al menos veinte calcografías, dedicadas a mostrar la vegetacion o la fisonomía de las plantas. Los grabados se han preparado a partir de los dibujos que el señor Rugendas realizó recientemente en la selva brasileña. Este joven artista, digno de todo elogio, ha vivido durante cinco años sumergido en las riquezas del mundo vegetal del trópico. Su sensibilidad se ha visto impregnada por el sentimiento de que, en la exuberancia salvaje de una naturaleza tan maravillosa, el efecto pictórico sólo puede conseguirse siendo fiel a la realidad y ateniéndose a las formas auténticas de que se nos ofrece”.

Humboldt encargó el grabado de las láminas a Claude François Fortier, quien en 1822 había transformado en calcografía una acuarela de la selva pintada por el conde Clarac, poniendo de manifiesto su talento para la reproducción en cobre de la vegetación tropical. La anunciada reedición de la obra de Humboldt no llegó a producirse. Los dibujos de Rugendas, que han vuelto a aparecer hace algún tiempo, constituyen un importante testimonio de una colaboración artístico-científica a la que Latinoamérica, debe sus más bellas imágenes del siglo XIX.


miércoles, 25 de junio de 2008

No Sufras Patria Mía


No llores Patria mía; sabremos salir adelante.
Entiendo tu dolor y comprendo tu pregunta constante:

¿Por qué sufren mis hijos?, ¿Por qué esta pena tan grande?

No... no...; no te aflijas, trataré de contestarte.
Hemos perdido el rumbo, ya no luchamos como antes.


En el pesado andamiaje del tiempo parecen haber quedado olvidados
el valor, el esfuerzo y la tenacidad de nuestros padres.
Aquellos que fundaron una Nación próspera, hidalga y pujante.


Los mismos que con lanzas, boleadoras, mulas y en pelotas
cruzaron el macizo del Ande y dieron libertad a otros pueblos;
Y se enorgullecieron de ver tu insignia erguida y flameante.

... Y así proclamaste la libertad, igualdad y progreso para todos tus habitantes.
...¿Por qué hemos tirado tanta gloria a la basura
...que nos llevó tantas veces a defraudarte?
... Culpamos a los políticos, a los economistas, a los de afuera, a los de adentro...
a los de aquí... a los de allá... a los de cualquier parte.

Y siempre la culpa es de los otros...
Basta Argentina!!!!!, no permitas tanta angustia,
Tanta crueldad, tanto robo, tanta hambre!!!!

Tú, la que dio la libertad a medio continente,
la que deslumbró a las Naciones; la que engendró mentes brillantes.

Ponte de pie Patria mía, tus hijos comienzan a despertarse;
de este cobarde letargo, de décadas de ignominia, fiesta y despilfarre.
No es hora ya de lamentarse, saca el lastre de tus espaldas.

Exige la honestidad, el trabajo y la confianza que sembraron aquellos primeros inmigrantes.
Clama con el fervor con que gritaste en Mayo;
lucha y defiéndete como te enseñó el gran Capitán de Los Andes.
No permitas que te humillen, a ti, a la del Destino Grande.

Avanza Argentina... no llores mi Patria.
Levanta tu cabeza, toma a tus hijos de la mano
y CAMINA HACIA ADELANTE!!!!!
Por Juan Marcelo Calabria – Diciembre de 2001.-

jueves, 22 de mayo de 2008

¿El sol del 25 viene asomando?

El 25 de Mayo es una de nuestras fechas patrias más sentidas y dignas de festejo; pero al mismo tiempo debe dar lugar a un momento de profunda reflexión sobre la realidad que nos toca vivir, para afrontar mancomunadamente los desafíos que se presentan a nuestro joven país -que a pocos pasos de haber iniciado el nuevo siglo y a menos de cumplir su bicentenario- debe replantearse si realmente la Revolución de Mayo está concluida.En aquel soleado o nublado, lluvioso o diáfano día de mayo los fundadores, especialmente aquellos que representaban el ala más decidida del movimiento revolucionario (Manuel Belgrano, Mariano Moreno, Juan José Castelli, etc.) iniciaron no sólo un movimiento independentista con proyección continental sino que además sentaron las bases fundacionales de una nueva nación, grabando a fuego con sus ideas visionarias, palabras encendidas y acciones comprometidas, el modelo de un país libre, justo, equitativo, ilustrado y soberano, poniendo el acento en la educación, el trabajo, la honestidad pública y la igualdad de oportunidades. Un país que aún no se ha terminado de concretar y cuya fórmula para su construcción quedó plasmada en estas inmortales palabras de Mariano Moreno, cuando fuera secretario de Guerra y Gobierno de la Primera Junta: “ ... Es necesario destruir los abusos de la Administración, desplegar una actividad que hasta ahora no se ha conocido, promover el remedio de los males que afligen al Estado, excitar y dirigir el espíritu público, educar al pueblo, destruir o contener a sus enemigos y dar nueva vida a las provincias. Si el gobierno huye el trabajo, si sigue las huellas de sus predecesores, conservando la alianza con la corrupción y el desorden, hará traición a las justas esperanzas del pueblo y llegará a ser indigno de los altos destinos que se han encomendado en sus manos”. Principios ineludibles que como redobles de tambor sacudieron a todo el territorio de las Provincias Unidad del Río de la Plata y de América, encendiendo y extendiendo junto a la prédica y acción de Belgrano y posteriormente San Martín el fuego revolucionario de mayo a todos los confines del continente; fuego a cuya luz y calor se concretó la independencia de América y el nacimiento de las naciones del Sur.Es precisamente, en un nuevo aniversario de esta gloriosa gesta, el momento preciso para reflexionar y discernir si se han cumplido todos los preceptos de la Revolución de Mayo, si realmente hemos concretado la tarea que comenzaron aquellos hombres visionarios y si hemos dado forma al país que soñaron. Debemos definir si luego de 197 años de existencia hemos enarbolado en forma firme y segura las banderas de igualdad, equidad, justicia social, compromiso y patriotismo que aquellos conciudadanos de 1810 defendieron con su palabra, su acción y su propia vida. Nosotros, el pueblo de la Nación Argentina, los herederos de Mayo, los continuadores de aquella llama que iluminó a toda esta parte de Sudamérica, debemos preguntarnos si hemos sido dignos depositarios de los principios y preceptos que dieron nacimiento a nuestra querida patria. Y si somos capaces de concluir la tarea de nuestros padres fundadores, si es que la creemos inconclusa. Sin duda, somos muchos argentinos los que calladamente renovamos día a día nuestro compromiso de construir un país mejor. Estoy seguro de que la llama de Mayo sigue encendida en los corazones de cientos de jóvenes y no tan jóvenes, y que quizás sólo esté faltando que nuestra palabra sincera y nuestro ejemplo cotidiano despierten el espíritu de la Revolución de Mayo en aquellos corazones adormecidos, resignados y apagados en los que debemos volver a sembrar la esperanza de que el “sol del 25 viene asomando”.


Por Juan Marcelo Calabria (Artículo publicado en Diario Los Andes el 25/05/2007)

viernes, 25 de abril de 2008

Necesitamos de un San Martín


Nuestra sociedad pide a gritos por ejemplos creíbles, dirigentes de coraje, esfuerzos y patriadas; hoy cuando los fracasos de nuestra sociedad se han hecho tan evidentes en uno de los momentos más críticos de nuestra historia, necesitamos recobrar las riquezas éticas de Argentina y Latinoamericana; reclamar espíritus inquebrantables, capaces de transformar la realidad y definitivamente construir un destino grande para estas “Desgraciadas Repúblicas”. En este marco es cuando cobran mayor realce aquellos conciudadanos que fueron verdaderos guías y líderes de nuestros pueblos.-

Hoy más que nunca gana lustre la figura del Libertador José Francisco de San Martín. Hoy necesitamos dar una mirada a distancia a la estatua ecuestre, romper el bronce y redescubrir un San Martín ejemplo de vida: el Estadista Visionario, el Constructor de Naciones Libres e Independientes y por sobre todas las cosas, un Hombre Público Intachable; despojado de todo interés y ambición, y que vio en el poder sólo un instrumento para la realización de su obra americana: dar libertad a los pueblos de esta parte del mundo. Verdadero guía para los gobernantes contemporáneos.-

En esta sociedad dolida y resentida; urge recuperar la confianza, fijar el horizonte y construir un destino común que nos identifique como Nación y que nos dé las bases para encarar un verdadero proceso de integración americana; este proceso sólo podrá consolidarse a través de un sistema de educación que permita demostrarnos y sobre todo demostrarle a las nuevas generaciones; modelos creíbles de vida y por sobre todas las cosas líderes y conductores dignos, honestos, eficientes e imbuidos de la realidad de nuestro suelo, lejos de los ídolos de pies de barro, faustos y superfluos, transmitiendo un esquema de líder exitoso producto del esfuerzo, el método, la disciplina interna, y por sobre todas las cosas, capaz de adoptar decisiones coherentes, construidas a través del análisis responsable de los factores económicos, culturales, políticos y sociales de la región.-

Ante esta búsqueda imperiosa de modelos y con la urgencia de transmitir hechos concretos, surge la idea de presentar y redescubrir a uno de los Fundadores Sudamericanos, en toda su magnitud, ya no sólo como militar y estratega incomparable, sino más bien como padre ejemplar y cariñoso, como ciudadano ilustre; como el Estadista, el Líder; en definitiva exponer como Ejemplo de Gobernante y Fundador de la Libertad a José de San Martín: y rescatar a través de esta figura un verdadero Ejemplo de Funcionario Público al servicio de los altos intereses del pueblo.-

Este San Martín, que sufría en cuerpo y alma cada uno de los males de la América, el que lejos de su patria jamás dejó de pensar en ella, el del partido americano, es el gran ejemplo que debemos tomar para comenzar a transitar el camino de construcción de una América grande, progresista, equitativa y justa, donde todos podamos desarrollarnos plenamente. Para lograrlo, cabe la pregunta: Nos queda algo de San Martín, seremos capaces de dejar de lado los intereses sectoriales para por fin trabajar por una causa común, queridos amigos, seremos capaces de convertirnos aunque más no sea en una pequeña parte en un “San Martín”, a quienes escuchen estas palabras, les toca dar su respuesta...